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Israel A. Bonilla
Errante
En esta secular alborada
levantas la vista y adviertes
en tus palabras un destinatario.
¿Cómo explicarle la rudeza?,
¿cómo revestir lo que claramente
son piltrafas, balbuceos de un mendrugo?
¿Entenderá que sólo es ruido
para no escucharlos? Más un sonsonete
que una plegaria. Sus hijos no son
tus hermanos, son muros que braman,
que se encumbran sobre cada cosa viva
que se mueve sobre la tierra.
Tuyo es un lugar sin peldaños,
donde basta con rumiar.
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