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Luis Varela

Tomates

1.

El amanecer te sorprende mirando los tomates
que se dan bien en tu ventana.
 

Un par de veces al día,
los riegas en pequeñas cantidades.
 
Eliminas las hojas más cercanas al suelo
porque son propensas a lesiones pardas.
 
Yo sé por lo que estás pasando.
Lo que habita tu pecho
le da gravedad, equilibrio,
a esta tenue y aún inestable madrugada.
 
No tienes la misma edad
de tus tristezas.
 
Algunas se hunden y se extravían
en la oscuridad de la tierra
de tu pequeño cultivo de tomates.  
 
A las demás
les da el sol.
 
2.
Parto el tomate en rodajas,
espero que se disipe la ansiedad
y dejo el cuchillo en la tabla para picar.
 
Has venido hasta acá para hablarme de la luz
reposada de ese vaso de agua en la sala de espera
del consultorio psiquiátrico.

 
Te empecinas en que escuche
el hundimiento de la vida
mientras los pacientes ojean
una revista de variedades
 
descifra
qué animal extinto
recuerda la sed
en sus pechos.

 
3.
A un lado de la mesa
cada vez más grande y peligrosa
dices que es tiempo de dar frutos.
 
Pero las tomateras
cuando no pueden hacerlo
florecen.
 
Tratan de dispersar

sus semillas
y con suerte
encontrar lugar
en otra ventana.

Del libro Tomates (Entreríos, 2022).

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